La reciente decisión del Gobierno Nacional de ajustar a la baja la fórmula de remuneración para los productores de etanol, bajo el argumento de “garantizar el abastecimiento y la calidad”, representa una intervención directa en la estructura de costos de la agroindustria sucroenergética. Desde una perspectiva crítica, esta medida ignora las realidades de la economía de procesos y pone en riesgo la estabilidad de un sector clave para la soberanía energética.
1. Vulneración de la Seguridad Jurídica y la Confianza Legítima
La estabilidad regulatoria es la piedra angular de cualquier inversión intensiva en capital (CAPEX).
- Marco Jurídico: La Ley 693 de 2001, que dictó las normas para el uso de alcoholes carburantes, establece que el Estado debe fomentar estas actividades. Un cambio súbito en la metodología de precios, que reduce el margen de rentabilidad de los productores, podría contravenir el principio de Confianza Legítima (sentencia C-131 de 2004), ya que los ingenios realizaron inversiones multimillonarias basados en una fórmula que garantizaba la recuperación de costos y una utilidad razonable.
- Argumento Crítico: Al recortar la ganancia del productor local mientras los costos de los insumos (fertilizantes y energía) siguen indexados a mercados volátiles, el Gobierno está trasladando el riesgo inflacionario de la gasolina directamente al eslabón agrícola, desfinanciando la innovación técnica.
2. El Contraste: Precios Bajos vs. Exigencias Ambientales
El Gobierno justifica la medida para “garantizar el abastecimiento”, pero la lógica económica sugiere lo contrario.
- Fisiología del Mercado: Un precio artificialmente bajo desincentiva la expansión de la capacidad instalada. Si producir un litro de etanol es menos rentable que exportar azúcar crudo, el mercado natural se inclinará hacia la exportación, generando justamente el desabastecimiento que el Gobierno pretende evitar.
- Contradicción con la Ley de Acción Climática (Ley 2169 de 2021): Colombia se comprometió a reducir emisiones. El bioetanol nacional reduce más del 70% de emisiones frente a los fósiles. Reducir la rentabilidad de los productores locales es, en la práctica, un subsidio implícito a los combustibles fósiles, ya que debilita al competidor “verde” y facilita el camino para importaciones de etanol con mayor huella de carbono.
3. Calidad y Abastecimiento: ¿Un Argumento Técnico o Retórico?
La resolución menciona la “calidad” como justificación. No obstante, los ingenios colombianos ya operan bajo las más estrictas Normas Técnicas Colombianas (NTC) y certificaciones internacionales.
- Análisis de Operaciones: El cumplimiento de la calidad requiere inversiones recurrentes en mantenimiento de columnas de destilación y tamices moleculares. Al reducir el flujo de caja mediante la intervención de precios, el Gobierno limita la capacidad de las plantas para realizar mantenimientos preventivos, lo que a largo plazo sí podría comprometer la calidad del producto final.
- El Riesgo de Importación: Esta medida parece pavimentar el camino para que el etanol importado sea más competitivo, no por eficiencia, sino por la asfixia económica del productor local.
4. Impacto en el Modelo Social y Regional
El sector de la caña en el Valle del Cauca es un motor de empleo formal en el campo.
- Argumento Socioeconómico: La reducción de márgenes impacta directamente en los programas de responsabilidad social y en la capacidad de contratación. Al atacar la rentabilidad de los ingenios, el Gobierno afecta indirectamente el desarrollo regional de más de 40 municipios que dependen de la salud financiera de esta agroindustria.
5. Conclusiones y Exigencia de Reciprocidad
Desde Tecnicaña, consideramos que la intervención de precios por parte del Gobierno Petro es una medida de corto plazo que sacrifica la estabilidad energética a largo plazo.
- Exigencia de Diálogo Técnico: Los marcos tarifarios deben definirse mediante mesas técnicas y no por decreto administrativo unilateral que ignore el Costo Medio de Producción (CMP).
- Protección de la Industria Nacional: Si el Gobierno busca proteger el bolsillo del consumidor, debería revisar los componentes impositivos de los combustibles en lugar de erosionar la rentabilidad de la industria de biocombustibles, que es la única que ofrece una alternativa real a la dependencia del petróleo.
En resumen: Esta decisión es un retroceso en la transición energética. No se puede liderar una “revolución verde” si se castiga económicamente a quienes producen la energía más limpia del país.




